Se llama resistencia anabólica.
Cuando la sarcopenia avanza de forma silenciosa, la vía mTORC1 —el interruptor
maestro de la síntesis muscular— pierde sensibilidad a la leucina. El músculo se
degrada más rápido de lo que se reconstruye, incluso con una dieta aparentemente
correcta.
Y hay un factor que casi nadie menciona: la eficiencia digestiva declina con el
tiempo. Aunque la ingesta sea adecuada, la biodisponibilidad real de aminoácidos
esenciales puede ser subóptima. El problema no siempre está en lo que comes
—sino en cuánto aprovechas.
Por eso las enzimas digestivas en una fórmula proteíca no son un añadido estético.
Son la respuesta a un déficit fisiológico documentado.
El tercer elemento: la fosfocreatina. Cuando sus depósitos disminuyen, el músculo
tarda más en recuperarse entre esfuerzos —y el cerebro también rinde menos. La
creatina exógena actúa directamente aquí (Candow et al., Nutrients, 2021).
Proteína de alta biodisponibilidad + creatina + enzimas digestivas. No es marketing.
Es fisiología aplicada.
Comes proteína. Entrenas. Y tu músculo sigue sin responder. Hay una razón.